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El desprendimiento de un iceberg en la Antártida: por qué es importante


Foto: John Sonntag/NASA

Llegó el momento. Después de meses de provocar a los científicos que venían observando una grieta cada vez más ancha en el hielo de la Antártida a través de cámaras satelitales y aviones de vigilancia, una barrera de hielo de 5700 kilómetros cuadrados, conocida como Larsen C finalmente, se rompió y ahora navega a la deriva en el Océano Antártico. Considerando que la Antártida contiene el suficiente hielo como para elevar el nivel del agua unos 67 metros, lo cual hundiría las ciudades costeras y haría que Waterworld pareciera menos una película de ciencia ficción cursi que una profecía oscura, el rompimiento del Larsen C es ciertamente un problema.

Pero no lo es necesariamente de la manera que quizás estás pensando. Una razón por la que el Larsen C está recibiendo mucha atención es que es un rompimiento hecho para los medios, puesto que se desarrolló de manera dramática y visible durante los últimos meses y semanas. La grieta en el hielo era fácil de fotografiar, fácil de entender, y era fácil preocuparse por ella.

También fue oportuna políticamente. El Larsen C se rompió más o menos un mes después de que el presidente Trump retirara a los Estados Unidos del acuerdo climático de París, cuando la gente de todo el mundo se está preguntando cuánto tiempo tenemos antes de que el clima esté fuera de control -y qué hacer al respecto. Una nota de la revista New York acerca de cómo el cambio climático está horneando el planeta despertó un gran debate acerca de la utilidad del miedo para inspirar un cambio político. Mientras tanto, ya se están endilgando las responsabilidades por el rompimiento del Larsen C: los activistas climáticos lanzaron una campaña para rebautizar la ahora liberada barrera de hielo Larsen C y llamarla Iceberg Exxon Sabía 1.

Pero el rompimiento del Larsen C, en sí mismo, no es lo que Richard Alley, científico especialista en hielo de la Penn State University, llama "un arrebato de histeria por el fin del mundo". Por empezar, 5700 kilómetros de hielo pueden parecer mucho, pero en el contexto de la Antártida, que tiene el tamaño de Estados Unidos y México juntos, es el equivalente continental a perder una uña. Además, la barrera de hielo ya estaba flotando, de modo que cuando se separe y finalmente se derrita, no va a contribuir demasiado al aumento en el nivel de las aguas, del mismo modo que un hielo en un vaso de agua no aumenta el nivel cuando se derrite. Los glaciares detrás de la barrera de hielo son una preocupación mayor -las barreras de hielo funcionan como muros de contención, evitando que los glaciares se desplomen en el mar-, pero en el caso del Larsen C, no son tan grandes, así que incluso si se aceleran y empiezan a caer en el agua, el impacto en el nivel del mar no será grande. Tampoco está claro que el rompimiento del Larsen C esté relacionado con el cambio climático -las barreras de hielo crecen y colapsan todo el tiempo-. Es parte del ritmo natural de la evolución y el crecimiento de las capas de hielo.

Pero eso no significa que la rotura del Larsen C sea intrascendente. Si te preocupa la forma en la que el rápido calentamiento del clima puede fomentar cambios que alteren el planeta tal como lo conocemos, hundiendo miles de millones de dólares de propiedades inmobiliarias e infraestructura y creando cientos de millones de refugiados climáticos, entonces la Antártida es uno de los lugares más aterradores del planeta. (De hecho, me pasé los últimos tres años trabajando en un libro nuevo llamado The Water Will Come, acerca de cómo el aumento en el nivel del mar va a transformar nuestro mundo). Hace un par de meses, resumí los riesgos del acelerado colapso de las capas de hielo de la Antártida en una nota acerca del glaciar Thwaites en la Antártida Occidental. La dinámica que hay en juego en el Thwaites es mucho más compleja que lo que vemos ahora en el Larsen C. Pero si el Thwaites realmente empieza a irse, entonces nos dirigimos hacia un futuro en el que capas de hielo de 1800 metros de altura colapsará sobre el mar, y el nivel del agua aumentará unos tres metros. Como me dijo este año Ian Howat, glaciólogo de la Ohio State University: "Si hay una catástrofe climática, seguramente empiece en el Thwaites".

Estamos viviendo un momento aterrador, un momento en el que incluso los mejores científicos luchan por entender lo rápida y dramáticamente que puede cambiar nuestro mundo. Quizás la mejor manera de pensar el Larsen C sea como un preludio de la catástrofe por venir, como un último llamado para actuar. "El Larsen C es la advertencia de la Madre Naturaleza", dijo Robert Swan, el explorador polar, en el foro anual del Sun Valley Institute la semana pasada. "Es su manera de decirnos: "Hey, presten atención a lo que están haciéndole al planeta en el que vivimos todos".

Jeff Goodell

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