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Cómo es la primera gira americana de Metallica en ocho años


Kirk Hammett y Hetfield presentando el nuevo show de la banda en Ohio, el 21 de mayo.
Foto: AP/ Amy Harris

"¿Siempre haces eso?", le pregunta James Hetfield a Lars Ulrich un poco agitado. Están frente a frente en la "Tuning Room", la sala donde ensayan siempre antes de los shows. Están tratando de hacer bien "Wherever I May Roam", su clásico de 1991, y Ulrich está tocando con un ritmo extraño y retorcido. Hace quince años, esto podría haber causado una sesión de terapia de grupo larga y lacrimógena. Pero hoy, Hetfield lo deja pasar y permite que Ulrich toque la canción a su manera, mientras intercambia sonrisas con el resto del grupo. Así es como opera Metallica en su primera gira norteamericana en ocho años (y la primera en estadios en casi dos décadas): relajados y tranquilos, pero también sensibles a los sentimientos de los demás. "Todos sabemos dónde están los botones nucleares del otro, pero no los tocamos", dice más tarde Hetfield. "Nos encanta lo que hacemos, y queremos que siga."

Faltan 20 minutos para el show en la primera noche de la gira, en el M&T Bank Stadium de Baltimore. La banda llegó más temprano, por la tarde, y se dirigió inmediatamente a un encuentro con fans que habían pagado 2.499 dólares por una foto, una sesión de preguntas y respuestas y una visita a la muestra "Memory Remains", que exhibe ropa del grupo, letras escritas a mano e instrumentos que los fans pueden tocar. ("Fue un poco extraño para nosotros y, me animo a decir, un poco falso", admite Ulrich acerca de las promociones VIP. "Así que tuvimos que ponernos en un lugar en el que estuviéramos cómodos con eso.") Después, el guitarrista Kirk Hammett hizo algo de yoga y Ulrich armó la lista de temas. "En general tengo toda la información de la última vez que tocamos en una ciudad, e intento poner canciones menos conocidas que no hayamos tocado esa vez", dice.

Después de 36 años, la banda tiene su fórmula para las giras: dos semanas sí, dos semanas no. Los Metallica se instalan en la ciudad grande más cercana. Esta noche volverán en jet a Nueva York a tiempo para que Ulrich ofrezca una tardía fiesta de cumpleaños en Brooklyn. Hetfield no se va a sumar; irá a un polígono de tiro en Nueva Jersey la mañana siguiente, para "desahogarme".

En los años que pasaron desde su última gira por Estados Unidos, el grupo se mantuvo ocupado, tocando ante férreos públicos europeos y sudamericanos, mientras se divertían con caprichos creativos. Lulu, su disco de 2011 con Lou Reed, recibió reseñas regulares. Metallica creó su festival Orion Music + More, que duró dos años, y autofinanció Metallica: Through the Never, una película en 3D. Ambos proyectos fueron un éxito con los fans, pero perdieron dinero. En 2012, dejaron Warner Bros. y empezaron su propio sello independiente para grabar Hardwired… to Self-Destruct, de 2016. La independencia que sintieron resultó en arreglos más salvajes y sesiones de grabación más alegres. (El único traspié ocurrió cuando Hammett perdió el iPhone donde tenía cientos de ideas de canciones. Sigue avergonzado cuando lo recuerda; estos días, aprendió a usar la nube.) El proceso funcionó: Hardwired alcanzó el puesto Número Uno y fue disco de platino, y la banda ha venido tocando varias de sus canciones en vivo: la furiosa "Halo on Fire", de ocho minutos, se está transformando en un nuevo himno, y "Atlas, Rise" es una canción épica con cambios de ritmo que convierte el "nido de serpientes", un área pequeña frente al escenario, en una zona de delirio colectivo. (A Hetfield le encanta ver la cantidad de jóvenes que están yendo por primera vez a ver recitales de Metallica.)

Este nuevo show es la producción más grande en la historia de Metallica. Usan 48 camiones para trasladar los equipos, y el escenario requiere tres días de armado: está equipado con lásers, globos, más de 300.000 watts de audio y una plataforma circular con un miniescenario donde la banda aparece especialmente para tocar "Seek and Destroy", intentando recrear la atmósfera de garage donde fue compuesto ese tema. Durante "Fuel", de 1997, Hetfield grita y, mientras, se encienden unas llamas de trece metros de altura alrededor de él. "Soy un niño en el cuerpo de un hombre, así que si podés tener llamas de 13 metros en lugar de unas de tres, ¿por qué no?", dice riéndose. Su momento preferido es "Now That We're Dead", cuando la banda se reúne en un círculo de percusiones, golpeando unos tambores japoneses Taiko al unísono. "No sé si funciona o no, pero me encanta", dice Hetfield. "Sueño con hacer algo así desde hace mucho tiempo."

"¿Quieren algo pesado?", pregunta Hetfield antes de lanzarse a "Sad But True", el inicio de una recta final repleta de hits, que cierra con "Enter Sandman". "Tiene que estar al final", dice Hetfield. "Es la canción." Después, el grupo tira púas y baquetas de batería al público y agradece sentidamente, antes de apresurarse hacia el aeropuerto. "Es como si fuera otra vez 1993", dice Hammett, quien a veces se pregunta cómo hizo Metallica para vivir más que sus contemporáneos hard-rock. "Hay algunas bandas que todavía lo hacen a un nivel similar al de antes, pero es raro. ¿Qué les pasó a todos? ¿Se rindieron? ¿El público perdió interés? Hay una serie de preguntas acerca de por qué no están acá y nosotros sí. Me siento muy afortunado."

Kory Grow

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